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Crónica de los Montes de Toledo - Bandolerismo,
Hermandades y suceso del secuestro del hijo
del alcalde de Pulgar
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El Bandolerismo en los Montes de Toledo
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Índice de Capítulos -
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1- Territorio de Bandoleros. Bandolerismo en
Europa
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2- Bandolerismo primitivo: Los Golfines
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3- Las Hermandades como forma de reprimir el
bandolerismo
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4- El bandolerismo a partir del s. XV
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5- El bandolerismo en el s. XIX
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6- Bandolerismo en el último cuarto del s. XIX
. Secuestro del hijo del alcalde de Pulgar
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7- Bandolerismo contemporáneo y maquis. Partidas
y contrapartidas
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TERRITORIO DE
BANDOLEROS
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En España siempre hubo focos casi endémicos
de bandolerismo que aparecen en comarcas con
carácter fronterizo o en aquellas que por la
morfología del terreno les servían de refugio
habitual. Podemos hablar de Andalucía, Galicia,
Cataluña o los Montes de Toledo, como centros
de actividad. Son famosos y legendarios en estas
regiones los bandoleros Serrallonga,
ejecutado en Barcelona en 1634, Perot
'el Lladre', muerto en 1645 que cita
Cervantes, José María 'el Tempranillo',
amnistiado en 1854, el 'Vivillo', el
'Pernales', los 'Siete Niños'
de Ecija en Andalucía; en Castilla la Nueva
el renombrado Luis Candelas, en Galicia
Pepa 'la loba', el célebre Carchenilla
uno de los más antiguos de los Montes de Toledo
o el más moderno Moraleda en esta misma
comarca, donde Lópe de Vega también tomó de
su historia y leyendas para escribir la obra
conocida como 'Las dos Bandoleras'.
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No fue un mal que tuviese exclusivamente a España
como protagonista; media Europa se vio poblada
por numerosas banderías que tuvieron en algunas
regiones escenario habitual como Córcega. Nos
podemos remontar incluso al mundo romano
donde
Caco fue modelo de bandolero hasta el
extreme de convertirse su nombre en sinónimo
de ladrón. Sin olvidar a los griegos Skirón
y Procusto, vencidos por Teseo.
En el medioevo europeo aparecieron las célebres
partidas de aristócratas llamadas "rombritters"
que asolaron regiones de Alemania, de los que
fue célebre Wolf de Warrstein "el lobo terrible"
o la no menos famosa "banda del Rhin".
En Inglaterra tuvieron la habilidad de convertir
sus bandoleros en héroes, recordemos a los populares
Robin Hood, Dick Turpin o Rob
Roy en Escocia, exportados por la literatura
inglesa ocultando otro tipo de bandidaje. En
Francia aparecen en el siglo XVI los “Hermanos
de la Samaritana”; los más populares son
los famosos Cartouche y Mandrin.
En Italia fue muy conocido Pedro 'el Calabrés'
y en el s. XIX el no menos célebre Giuliano
que llegó a convertirse en amo de Sicilia.
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El bandolerismo ha sido un fenómeno sociológico
universal posiblemente producto, aunque parezca
tópico, de factores relacionados con la miseria
o injusticias en momentos determinados, que
propiciaron una reacción de rebeldía que llevó
a muchos marginados sociales a situarse frente
a la ley. No se trata de justificar esta plaga
social sino buscar los orígenes sociológicos
del fenómeno. Otra de las causas del fenómeno,
quizá la de mayor incidencia, son las guerras
más o menos prolongadas donde grupos humanos
adquieren hábitos de matar, expoliar, avasallar
sin otra ley que la fuerza; conductas que después
son difíciles de erradicar en algunos sectores
y por lo tanto provocan la aparición de más
sujetos inadaptados, incapaces de someterse
a normas sociales pacificas y se alejan allí
donde la supervivencia con sus costumbres les
favorece.
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En la Mancha también se desarrolló este fenómeno
al ser un territorio cruzado por importantes
vías de comunicación aunque el medio no les
favorecía, por ser terreno llano. Buscaron sus
espacios para delinquir en las fronteras con
los Montes o Sierra Morena donde por el contrario,
encuentran lugares que les posibilitaban las
emboscadas y una rápida retirada a parajes seguros.
Los caminos hacia Extremadura fueron desde muy
antiguo zonas de bandolerismo que afectaron
a la Jara, las Villuercas o la Vera. Así pues
nos encontramos con un territorio amplio, limitado
por la Mancha al Sur y Este y las citadas comarcas
toledanas y extremeñas al Oeste receptor, debido
a su accidentado relieve, de cuadrillas procedentes
de las zonas referidas junto con las que la
propia comarca monteña generó. Aquí fijaron
sus bases logísticas y guaridas, alejadas, unas
veces, de los lugares habituales de actividad
delictiva y otras convirtiendo el propio territorio
de los Montes en escenario de correrías, siendo
todos sus protagonistas buenos conocedores del
terreno, por haber sido su medio habitual de
vida.
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La mayor parte de estas personas fueron de extracción
social campesina, muchos de ellos desertores
empujados, por su propia patología y por el
ambiente socioeconómico, a cometer injustificables
atropellos como única salida a su infelicidad.
La figura del bandido generoso no se prodigó
en los Montes de Toledo donde se tuvo que luchar
desde la repoblación contra ellos y el fruto
del pillaje nunca que conozcamos, revirtió en
socorrer necesidades humanas salvo las interesadas.
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BANDOLERISMO
PRIMITIVO: LOS GOLFINES
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Hasta bien entrada la Edad Media no conocemos
documentalmente la presencia de bandoleros y
salteadores en los Montes de Toledo. Aparecen
cuando esta comarca es tierra fronteriza tierra
de nadie y paso obligado después de la batalla
de las Navas a las zonas de Andalucía o Extremadura
(La Batalla de Las Navas de Tolosa o “Navas
de la Losa” tuvo lugar cerca de la población
jienense de Las Navas de Tolosa el 16 de julio
de 1212, llamada en la historiografía árabe
batalla de Al-Uqab (معركة
العقاب),
y conocida
simplemente como «La Batalla» en las crónicas
de la época. Permitió extender los reinos cristianos,
principalmente el de Castilla, hacia el sur
de la Península Ibérica, entonces dominado por
musulmanes).
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En la minoría de edad de Alfonso VIII (1158-1214)
según algunos autores, ya se les cita como salteadores
de caminos que realizan sus acciones entre el
Tajo y los Montes aprovechando la inseguridad
del reino. La aparición de los golfines se diluye
entre los siglos XII y XIII pudiendo ser calificados
en definitiva como bandidos de frontera que
encuentran en sus comienzos un amplio territorio
entre la Mancha y Extremadura que se está repoblando,
que aún son pocas las defensas. Y las espesuras
del monte refugio seguro. Quienes eran éstos,
de dónde procedían o como se organizaron, son
interrogantes que surgen después de introducir
el tema. Autores come José María Cuadrado, los
define como: “vagos, malhechores, criminales,
prófugos, hidalgos arruinados por el juego o
por los vicios”. En 1327 se les titulaba como
“… malhechores de la Jara o de los Montes”.
Otros hablan de los golfines como “individuos
marginados y empobrecidos a los que las perspectivas
de ganancias fáciles empujan hacia la frontera”.
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Formaron grandes grupos dispersos por el territorio
comprendido entre el Tajo y Sierra Morena concentrando
su actividad en los puertos del Milagro, Orgaz,
Muradal, Miravete y otros. Alcanzaron tal número
que según un documento del siglo XIV eligieron
rey al legendario Carchena, caudillo
que debía concentrar el poder y la autoridad
sobre el resto de las bandas. Llegaron los golfines
a constituir un serio peligro durante los reinados
de Sancho IV (1284-1295)y Fernando IV (1295-1312)
y las Cortes de Castilla tuvieron que intervenir
a fin de proteger los concejos y territorios
donde operaban estas bandas convertidas en verdaderos
ejércitos organizados que se movían con entera
libertad y con el apoyo de castillos, torres
y villas bajo su dominio.
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En la segunda mitad del siglo XIV retrocede
la belicosidad de estas bandas con la fusión
de las hermandades de Toledo, Talavera y Ciudad
Real. La acción hermandina y el factor de reinserción
social mediante perdones reales, y concejiles
o prestación de servicios de armas como mercenarios,
hizo retroceder en gran medida la actividad
de los golfines.
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LAS HERMANDADES COMO FORMA DE REPRIMIR EL BANDOLERISMO
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Los golfines, a principios del siglo XIV, continuaban
ocasionando muchos males "et estragamientos"
como se desprende del siguiente documento de
Alfonso XI que reproducimos:
"Sepan cuantos esta carta vieren, como yo D. Alfonso, por
la gracia de Dios Rey de Castilla, de Toledo
..., vi carta del rey D. Fernando, mio padre,
que Dios perdone, escripta en cuero é seellada
con el sello de cera colgado, que dice en esta
guisa: "Sepan cuantos esta carta vieren, como
yo D. Fernando, por la gracia de Dies Rey de
Castilla.., vi una carta que yo ove dado a los
Colmeneros é á los Ballesteros, fecha de esta
manera. Don Ferrando... A todos los Maestres
de las Ordenes é á todos los Conceios, Alcalles,
Merinos, Jueces, Justicias, Alguaciles, Comendadores,
é á todos los otros aportellados, é á todos
los baquerizos de las Ordenes, et de esotros
omes de mio senorio á quien esta mi carta fuere
mostrada, salad et gracia. Sepades que los Colmeneros
et los Ballesteros me dixeron: que ellos veyendo
el muy gran mal, et el muy grande daño que los
Golfines facien é cometien en la Xara en matar
é en robar, et en otros muchos males en que
vosotros los de la tierra tomábades muy grand
daño, et yo muy grand desevicio, que ovieron
de Facer hermandat los de Toledo, et de Talavera
et de Villa-Real para correrlos et matarlos
et echarlos de la Xara et que por razón del
perdonamiento gue les yo fago, et vosotros los
maestres, et los
Conceios,
que se atreven tanto los Golfines, et estos
perdones que han, que los non pueden matar,
nin echar de la Xara. Et otrosí quendando ellos
en pos los Golfines, que en algunos logares
non los quieren dar vianda por sus dineros,
nin los quieren ayudar a prenderlos nin a matarlos,
el otrosí que piden á vos los pastores et baquerizos
que les den de cada hato una assadura para ayudar
de mantener la muy grand costa que fasen andando
en pos los Golfines et que gelo non queredes
dar et por esto que los non pueden matar, nin
correr Así come debien. E pidiéronme merced
que mandase y lo que toviese por bien. Porque
vos mando a cada uno de vos a quien esta mi
carta fuere mostrada, que cada que los Colmeneros
vos Ilamaren que los vayades apodar et acorrer,
et a matar los Golfines, que vayades y e que
los ayudedes. Otrosí vos mando que les dedes
vianda por sus dineros, cada que voz la demandaren.
Otrosí mando a vos los baquerizos et a los pastores
que les dedes de cada hato una assadura caa
año para mantener la muy gran costa que facen
en esta razon, et non se escusen ningunos de
lo dar por carta nin por privilegio que tengan:
la mi voluntad es que lo hayan, pues es mio
servicio et muy gran pro de toda la tierra et
qualesquier baquerizos o pastores, que non quiseren
dar a los dichos colmeneros de cada hato una
assadura segund dicho es, et mando que los emplacen
que parezcan ante mi o quien quier que yo sea,
del día que lo emplazaren a nueve días, so pena
de cient maravedis de la moneda nueva, a decir
por qué non cumplen mio servicio. Et otrosí
mando a todos aquellos a quien esta mi carta
fuere-mostrada o el traslado de ella signado
de Escribano público o firmado, que non los
emparedes, nin les encubrades ningún Golfin
por perdonamiento, nin por otra razón ninguna
E si alguno o algunos encubrieren o ampararen
los Golfines, o los encobridores dellos por
ninguna razón que sea, mándovos que prendades
al ome o a los omes que los empezaren e los
encubrieren, e les tomedes todo quanto les fallardes,
e que los dedes todo a tanbien las personas
dellos como lo que les mandardes a los dichos
colmeneros. Et mando por esta mi carta a los
colmeneros, que esa misma justicia fagan en
aquel o en aquellos que los Golfines encubrieren
segund dicho es como farien en los Golfines
mismos..."
Dada en
Toledo XXV días de Setiembre, era de mil trecientos
e quarenta e un años".
Otro resumen:
“Los vecinos de Toledo que
han algo en los montes veyendo los muchos males
et estragamientos que los golfines et los otros
omes malos facen ne lo suyo et en las nuestras
cosas, et entendiendo que era servicio de Dios
et de nuestro señor el rey don Fernando, et
pro et guardo de Toledo et de su termino, acordaron
de catar y manera de como se pudiese esto escarmentar,
et ficieron hermandad entre si en tal manera
que doquiera que supieren que andan los golfines
e otros omes malos en la nuestra tierra que
vayan en pos de ellos et que los prendan et
los tomen tambén a ellos como a los que los
encubieren porque so faga en ellos escarmiento
et la tierra se guardada“.
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Así se expresaba en el año de 1300 un documento
que definía la hermandad de Ballesteros, Colmeneros
y Leñadores que había nacido en los Montes en
el siglo anterior. No conocemos la fecha de
su fundación que en principio debió ser espontánea,
para institucionalizarse después.
La
repoblación de los Montes se consolida muy lentamente
impulsada primero por Alfonso VII quien dona
Montalbán y sus territorios aledaños a los templarios,
después a Téllez de Meneses y al arzobispo Jiménez
de Rada. La repoblación se realizó generalmente
teniendo como base una fortificación, torre
o castillo, que garantizaba en lo posible un
refugio en caso de necesidad y a veces fue un
factor de estabilización de la población que
necesitó establecer sus propios medios de autodefensa
en un territorio hostil, duro e inhóspito (La
actual iglesia de Pulgar está construida sobre
los restos de lo que debió ser una torre o fortaleza
medieval, por ejemplo).
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Tras la retirada almohade, se afirma la vida
en estas comarcas y se suceden los movimientos
migratorios hacia ella
propiciados por Talavera, el arzobispo D. Rodrigo
Jiménez de Rada
y los mozárabes. En este contexto
humano y geográfico actúan los golfines como
elemento hostil. Los colonos, en respuesta,
se unen y forman grupos armados con sus herramientas
y armas de caza, especialmente ballestas, lanzas
o picas con las que les hacen frente y persiguen.
A los primeros repobladores de los Montes, Fernando
III le concedió en 1220 el privilegio de seguir
cazando y conservar sus fueros y costumbres
que tenían establecidos desde Alfonso VIII.
Es por tanto una sociedad rural que se autogobierna
con “sus fueros y costumbres” al tiempo que
se autoprotegen creando una milicia civil o
hermandad frente al bandolerismo.
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Dice Pisa en el siglo XVII que “desde su primer
principio no fue ordenada por los reyes sino
por los mismos pueblos de los Montes…” lo que
otorga a esta institución un carácter popular
de nacimiento desvinculada de cualquier carta
real hasta pasado un tiempo.
Un hecho crucial en la vida de esta organización
sucede en 1300 cuando se unen los toledanos
de los Montes, con los talaveranos de la Jara
y dos años más tarde los de Villa Real, en una
federación, abriendo así una etapa donde la
nueva institución resultante cobrará mayor efectividad
coordinando sus esfuerzos aumentando el potencial
humano y mejorando las estrategias de lucha
contra el bandolerismo.
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La eficacia de la Hermandad primitiva radica
en parte, en lo expeditivo y cruel de sus métodos.
Este rigor se comprende por la necesidad de
ejemplarizar con los castigos a quienes tenían
pocos escrúpulos con los colonos de los montes,
sus mujeres, haciendas y aldeas. Un texto de
1404 utiliza la expresión 'cuadrilla' dentro
del sistema orgánico de la Hermandad. Por consiguiente,
el cuadrillero era el elemento esencial, con
una doble finalidad que era la persecución de
malhechores, por una parte, y la convocatoria
de los hombres de la cuadrilla, por otra. Naturalmente,
de las sentencias se ocupaban los alcaldes y,
una vez pronunciadas, el cuadrillero era el
encargado de proceder a la ejecución de los
castigos, en algún camino frecuentado para asegurar
la ejemplaridad. Por lo que se refiere a la
junta general era obligatoria la presencia de
este personaje, acompañado por cuatro hombres
de la zona, para dar cuenta de todo lo acontecido
a lo largo del año en su demarcación.
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La estructura en cada hermandad fue semejante y su organización
independiente. Por lo que no se trata de una
hermandad realmente, sino tres con ordenanzas
comunes y un órgano de gobierno que las coordinaba:
la “Llega” o Junta General de las tres (la
Hermandad formada por Mora, Orgaz, Ajofrín,
Almonacid, Mascaraque, Villaminaya, Manzaneque,
Arisgotas, Casalgordo, Mazarambroz, Sonseca,
Villaseca de la Sagra, Pulgar y Layos, alrededor
de una dehesa común a todos ellos, aunque después
su nombre será otro, en tiempos de los Reyes
Católicos se llamaba Hermandad Vieja de las
dos Sislas Mayor y Menor de Tajo aquende y tenía
funciones de justicia en despoblado). Ya en la nueva federación hermandina se establece la obligatoriedad
de acudir a las persecuciones los colmeneros
llamados, so pena de 100 maravedís y además
que fueran armados de ballestas, lanzas y dardos
e incluso a quienes estos convocasen. También
se establecía el poder pasar por los territorios
de cualquiera de las tres hermandades en persecución
de bandoleros y un apoyo logístico de sus colmeneros.
Más tarde se organizaron los alcaldes, mayordomos,
regidores y alguaciles y apareció el procedimiento
sumarial y la división del territorio en cuadrillas
para la mejor vigilancia y persecución de malhechores.
Las reuniones de las tres hermandades en Junta
General o “Llega” se realizaba cada año en un
descampado cercano a Navas de Estena. Las juntas
anuales no sólo se hacían con los hombres de
las tres hermandades, como hasta ahora hemos
ido viendo, sino que además en todas las que
tenemos registradas a lo largo del siglo XIV
y principios del XV también aparecen procuradores
de varias localidades del entorno toledano:
Puebla de Alcocer, Herrera, Fuenlabrada, Pulgar,
Yébenes, Marjaliza, Puebla de Montalbán y Cuerva,
además de Chillón, situada al oeste de la demarcación
de la Hermandad de Villa Real.
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EL BANDOLERISMO
A PARTIR DEL SIGLO XV
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La inseguridad en los Montes de Toledo y vecina comarca de
la Jara remite notablemente a partir del siglo
XV. Los golfines son figuras casi legendarias
propias de la literatura hermandina. En los
Montes y tierras de Ciudad Real localizamos
por vez primera a mediados del siglo XV algunas
bandas de origen político. Grupos de rebeldes
a la corona capitaneados por Diego Muñoz
y Manuel de Hernández con numerosos seguidores
de a pie y a caballo, tuvieron enfrentamientos
con la Hermandad en combate abierto.
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Las guerras civiles en Toledo también repercutieron en los
Montes. En Retuerta conocemos otro encuentro
entre la Hermandad y partidarios de los Ayala.
No obstante la represión contra los comuneros
castellanos provocó la huida hacia tierras catalanas
engrosando las filas del bandolerismo catalán
que fue la pesadilla del Emperador por cuanto
que no dejaron de asaltar los transportes de
oro que desde Sevilla, Madrid, Zaragoza llegaban
a Barcelona. El foco critico de bandolerismo
en la España de Carlos I y Felipe II fue Cataluña
a donde enviaron sus mejores hombres le confianza
como virreyes para combatirlo. En el siglo XVI
conocemos una pragmática del Emperador fechada
en Toledo el 7 de marzo de 1539 contra el bandolerismo.
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El bandolerismo en los Montes del siglo XVII ya no era sino
un puro recuerdo literario. La Hermandad Vieja
había decaído notablemente. Felipe V limitaba
su jurisdicción en materia criminal. A pesar
de este declive hermandino, se renuevan sus
ordenanzas; las de Toledo en 1746, Talavera
en 1749 y Toledo de nuevo en 1792. En el reinado
de Carlos III renace el bandolerismo andaluz
destacando la figura de Diego Corrientes
(1757-1781). En el de Carlos IV se incrementa,
siendo representativas las cuadrillas de
'el Tenazas' (Francisco Mateos Pontón)
y 'los Berracos'. No influye en los Montes
de Toledo el bandolerismo andaluz de esta centuria.
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EL
BANDOLERISMO EN EL SIGLO XIX
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El siglo XIX supone la reaparición del bandolerismo
en los Montes de Toledo y quizás con más virulencia
que en ningún otro momento de su historia. Las
causas podemos encontrarlas en la inestabilidad
política, social y económica del país, acrecentándose
más aún en esta comarca que representa un islote
en el centro peninsular entre los ríos Tajo
y Guadiana, aproximadamente, 6.500 km2 de montes,
rañas, dehesas y valles, con una densidad de
población inferior a 10 habitantes por km2.
Su interior es un intrincado laberinto de valles
y sierras en todas las direcciones cubiertas
de un monte cerrado que solo conocen pastores
y carboneros.
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La desamortización no hizo sino traspasar los montes
de manos y no principalmente a las de sus habitantes.
Aparecen las poderosas familias de distinto
origen y foráneas al territorio, que adquieren
extensas fincas -fenómeno que allí perdura hoy-
y tratan de sacar provecho en las zonas roturables
cultivando las rañas y algunos valles o bien
convirtiéndolas en montes privados para recreo
de sus propietarios.
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Los montes públicos y comunales quedan reducidos a la
extensión necesaria para el abastecimiento de
leña, carbón y pasto. En este escenario surge
el bandolerismo. La guerrilla que aparece con
la invasión napoleónica de España, y se hace
permanente en la comarca durante un lustro,
sirvió de escuela obligada y voluntaria a muchos
patriotas que se refugiaron en sus espesuras
aprendiendo a vivir en ellas. La procedencia
de las guerrillas era fundamentalmente monteña,
buenos conocedores del territorio. Estas partidas
aprendieron a interceptar correos, asaltar convoyes
y destacamentos franceses, establecieron puestos
de observación de tropas, etc… todo ello en
provecho de la Junta Central a través de un
Estado Mayor residente en Horcajo de los Montes.
Se
distinguió como jefe D. Ventura Jiménez, conocido como
el héroe del Tajo, muerto en Los Navalucillos
a consecuencia de las graves heridas sufridas
en un ataque a Toledo.
La aparición del bandidaje actuando al tiempo que la
guerrilla es aprovechada por la autoridad josefina
para desacreditar a los patriotas. Son los inicios
del bandolerismo contemporáneo que podemos calificar
en estos primeros tiempos de ocasional, aprovechando
la confusión reinante. Desde 1814 y hasta después
de la primera carlista no conocemos una actividad
permanente y destacada en la comarca. Los pueblos
del interior continuaron sumidos en el abandono
y con una economía de subsistencia. Las tentativas
de reactivación económica iniciadas por algunos
liberales no condujeron a nada positivo.
A iniciativa de los grandes y pequeños ganaderos se
presento en octubre de 1834 un proyecto de ley
para disolver las hermandades viejas de Toledo,
Talavera y Ciudad Real, suprimir el derecho
de asadura mayor
y menor (impuesto sobre el tránsito ganadero
que permite su autofinanciación y su pervivencia
como tribunales especiales de justicia rural
durante más de cinco centurias) y dar utilidad pública a sus establecimientos. Algunos de los últimos cuadrilleros
ocuparon cargos en la Sociedad Económica de
Amigos del País en Toledo. Por causas suficientemente
conocidas surgen las guerras carlistas o civiles
y en ellas tienen su origen gran parte de la
actividad bandolera en los Montes que se desarrollará
hasta finalizado el s. XIX, cuya casuística
evolucionó con los intereses colectivos e individuales
de las partidas. Avanzada la guerra, las tropas
carlistas, más reducidas, recurrieron a la guerra
en guerrillas formando grupos de una docena
de hombres aproximadamente llamados “gavillas”
con objetivos de merodeo y acoso de las comarcas.
En 1835 capitaneaba las partidas carlistas que
operaban en los Montes, el Coronel D. Cándido
López, asistido por sus segundos la Diosa, Galán,
Perfecto y Mariano Peco. El ejército realista
o cristino era mandado por el ex-guerillero
toledano Paralea, buen conocedor de este
tipo de acciones. La derrota de Los Yébenes
inflingida a los carlistas de Jara por el brigadier
Flinter el 19 de febrero de 1838 supuso la muerte
de 500 carlistas, 300 heridos y 2.600 prisioneros
(B.O.P 9-VI- 1838) de los cuales 396 eran de
los Montes y Jara naturales de San Martín de
Montalbán, Cuerva, Navahermosa, San Pablo, Ventas
con Peña Aguilera, los Alares, Casasbuenas,
Aldeanueva de Barbarroya, Mohedas de la Jara,
Nava de Ricomalillo, Navalmoralejo, Campillo
de la Jara, Anchuras y Aldeanueva de San Bartolomé.
Todos fueron indultados. Sus edades oscilaban
entre los 17 y 21 años. Otros veinte indultados
en el mismo año por abandonar las partidas carlistas,
eran en su totalidad jornaleros con edades inferiores
a los 30 años, solteros, que habían estado encuadrados
en las partidas de Palillos, Serrador,
Gil, Jara, Melitón y
Lago. Estos perdones no se cumplieron en
algunas ocasiones, dando lugar al retorno a
la facción con los resentimientos oportunos,
convirtiendo a los individuos en más peligrosos
y sanguinarios. A medida que avanza el conflicto
la ideología de muchas facciones carlistas se
transfiere a un segundo orden y la relación
de ejército regular desaparece dando paso a
la partida que apoyándose en la lucha. busca
el botín, independiente de las órdenes que pueda
recibir.
La situación de alarma permanente en la comarca
lo evidencian los ataques que sufren algunas
poblaciones siendo especialmente graves los
dos asaltos a Navahermosa realizados por las
partidas de Jara, Peco y Tercero.
Parecidos episodios sufrieron en Gálvez, Belvis
de la Jara, Puebla de Montalbán, La Estrella,
San Pablo de los Montes, Las Navillas y Orgaz,
que nos muestra una situación de inseguridad
y angustia dada la crueldad con la que se condujeron
las facciones en muchas de las tristes jornadas
que protagonizaron.
El 13 de noviembre de 1839 se levantó el estado
de sitio en la provincia, la paz sólo fue en
el papel para la comarca de los Montes que continuó
infestada de partidas “facciosas” mostrando
su verdadera faz sin posibilidad de disfraces
políticos. Entre los montes quedaron 'los
Palillos', 'el Valenciano', el
Mestizo, Tripacana, Carnicero,
Mariano Ruiz 'el Pichapelá',
Francisco del Moral, Pata de Porra,
estos dos últimos fusilados en Toledo. La guerra
teóricamente estaba concluida y los carlistas
pudieron acogerse al indulto decretado o salir
del país, pero aquellos que no habían hecho
otra guerra que la suya, optaron por quedarse
en las sierras continuando la vida a la que
se habían adaptado. Por los años cuarenta continuaba
Rito Flores al mando de la partida 'Palillos'
merodeando por los Montes.
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BANDOLERISMO
EN EL ULTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX
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Reaparece en los años setenta un nuevo rebrote de bandolerismo
sin móvil político que continúa generacionalmente
buscando una solución radical a diversas situaciones
de origen delictivo, marginal o social. Esta
generación de bandoleros en los Montes procede
de las zonas periferias de la comarca y de su
interior, muchos de ellos jóvenes que vivirían
al margen de la ley una corta y azarosa existencia.
El 20 de julio de 1874 se declaró el estado de guerra en las
provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara
y Segovia. En 1875 recorren el interior de la
comarca las partidas de 'los Juanillones'
y 'los Purgaciones', y las de 'el
Magro', 'Polo' y 'Merendón'.
Las dos primeras se distinguieron por sus numerosas
acciones criminales, contando con varios muertos
y secuestros.
En 1877 'el Magro', 'los Juanillones' y 'Purgaciones'
secuestraron a D. Pedro Guerrero Quintanilla
de la villa de Horcajo de los Montes para pedir
rescate, en cuya acción participó también
Moraleda. 'El Magro' mató a un sargento
de la Guardia Civil en una celada
y secuestró
al hijo del alcalde de Pulgar, arrendatario en la dehesa del Castañar, que fué apresado
en medio del día en una casa de labor en dicha
dehesa y sólo fue liberado al presentarse el
padre como rehén y satisfizo la cantidad exigida.
Aplicaron entonces los bandoleros a los propietarios
de las grandes fincas un impuesto llamado “limosna”,
con el fin de poder visitar sus predios sin
ser molestados.
En 1880 se delimitaba la zona de refugio y actividad
bandoleril por un extenso triángulo con vértices
en Consuegra, Malagón y Navahermosa. Se inicia
el declive del bandolerismo en los Montes con
la celada de Villacañas. En aquella ocasión
quedaron batidos en el campo algunos bandoleros.
Fueron apresados Ambrosio y Casimiro Navarro
'los Purgaciones', Juan y Felipe García-Quilón
López-Simancas 'los Juanillones' y Bernardo
Moraleda que más tarde logró escapar con Felipe
'el Purgaciones'. Los componentes de
las partidas se dispersaron unos hacia Andalucía,
otros a Extremadura, otros simplemente desaparecieron.
Algunos de los que escaparon a Portugal fueron
repatriados.

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BANDOLERISMO
CONTEMPORÁNEO Y MAQUIS
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Los Montes de Toledo al concluir la Guerra Civil (1936-1939),
se convierten en un gran de refugio donde llegan
milicianos de los frentes del Tajo, Extremadura
y la Mancha, sirviendo de puente para huir unos
a Portugal o simplemente de refugio ocasional
para unos y permanente para otros. A estos primeros
refugiados se les denomina “huidos”. Fueron
algunos de ideología marxista, politizados que
pronto se alzaron con la jefatura de algunas
partidas. Otros fueron gentes con graves delitos
cometidos al principio de la guerra relacionados
con los “paseos”, fusilamientos indiscriminados
por razones de ideología o religión, destrucción
del patrimonio artístico, de la propiedad, etc…;
también se cuenta entre los huidos restos del
ejército republicano que no pudieron ponerse
a salvo tras las fronteras. Al poco tiempo estos
últimos se fueron entregando seguidos de algunos
militares profesionales, quedando en la sierra
grupos de marginados que se afianzaron en las
zonas que les eran familiares y donde mejor
podían subsistir.
A partir de 1944 se arroparon con un barniz de guerrilla o
resistencia con la esperanza de que la situación
internacional apoyaría la “invasión comunista
del Pirineo” en cuyo teórico avance contaría
con el apoyo táctico de las agrupaciones guerrilleros
organizadas por el partido comunista, el “maquis”,
como también se les conoció. Trata de organizarse
en los Montes de Toledo con el llamado Ejército
Guerrillero del Centro.
En 1945 quedaron organizadas dos agrupaciones
de guerrilleros en la antigua 'Castilla la Nueva'
y Extremadura; la primera conocida como agrupación
de Extremadura al mando del “comandante Carlos”.
La segunda agrupación nominada de los Montes
de Toledo y comandada por Julio fue también
fraccionada en tres divisiones al mando de
Labija, 'el Manco' y el comandante
Honorio, con base de operaciones en la provincia
de Ciudad Real. Esta organización sobrevivió
con dificultades hasta 1947, año en que desapareció
por bajas, deserciones y dispersión de los últimos
componentes.
Para erradicar el maquis luchó el ejército y
la Guardia Civil; esta última institución a
través de sus esquemas ordinarios de apostaderos,
batidas, vigilancia, etc… y de servicios extraordinarios,
con un cuerpo especial de infiltración conocido
por “contrapartida”.
En 1954 desaparecen los últimos bandoleros.
La evolución de huido, guerrillero y bandolero
fue rápida debido a múltiples causas, entre
ellas a la poca preparación militar, la falta
de organización estable, de jefes capaces, de
apoyos suficientes entre la población civil,
los continuos fracasos, la indisciplina y su
espíritu de sobrevivir más que de combatir.
Durante los doce años de la posguerra en los
Montes de Toledo se vivió esta otra guerra solapada,
bajo la tutela militar que sufrieron especialmente
las zonas más agrestes y menos pobladas; pagando
mayores costos sociales y económicos quienes
vivían en y de la sierra como ganaderos, carboneros,
transportistas, pequeños agricultores y comerciantes.
Una de las primeras partidas que conocemos de
la posguerra es la de 'el Rubio' de Navahermosa
alias de Eugenio Sánchez natural de esta
localidad. Su área de acción fue los montes
cercanos a su pueblo donde incluso solía pernoctar.
Capitanea una partida poco numerosa con gentes
de la comarca. El Rubio fue descubierto en la
noche del 5 de abril de 1942 cuando pretendía
entrar clandestinamente en Navahermosa, por
una patrulla del Somatén y muerto en el encuentro.
Otro huido que merodeó con algunos compañeros
en la vertiente del Torcón y macizo del Corral
de Cantos fue Valentín Gil alias el Chato, natural
de La Puebla de Montalbán. Comenzó a realizar
actividades de espionaje en la zona nacional.
Detenido por primera vez huyó de la cárcel de
Navahermosa. Al poco tiempo, capturado de nuevo
por la Guardia Civil en un molino del Torcón,
se le juzgó y fusilo en abril de 1941. junto
a las tapias del cementerio de Navahermosa.
La partida de Quincoces estaba encuadrada en
el llamado Ejército Guerrillero del Centro.
Fue un caso de transformación de partidas de
“huidos” en “guerrilleros políticos” para volver
de nuevo a la delincuencia común. Sus acciones
más conocidas se desarrollaron entre Los Yébenes
y la Jara. Cometieron numerosos robos, asaltos
y varios secuestros. Esta partida fue diezmada
por apresamientos y muertes. Quincoces fue muerto
por la Guardia Civil en termino de Valdelacasa
de Tajo el 28 de diciembre de 1945: era natural
de Aldeanueva de San Bartolomé.
Joaquín Cintas alias 'Chaqueta Larga'
natural de Fuenlabrada de los Montes, provincia
de Badajoz, agrupó numerosos huidos afines a
su ideología comunista, organizando una agrupación
guerrillera disciplinada que recorrió Extremadura,
la provincia de Toledo y el norte de Andalucía.
Se evadió a Francia en 1948.
Muy temida fue la partida de 'el Manco de
Agudo' como se conocía a José Méndez Jarramago
de nacimiento. Sus acciones crueles son conocidas
en todos los Montes de Toledo. Los secuestros,
robos y asesinatos de esta partida se cuentan
por las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cáceres
y Badajoz. El 'Manco de Agudo' fue muerto
en 1949.
Con evadidos de las cárceles de Toledo y Ciudad
Real se formo la partida de el Comandante o
de Honorio como también se la conocía. Tuvo
un carácter inicial político y estaba encuadrada
en la segunda agrupación guerrillera de los
Montes de Toledo. Su actividad fue conocida
en Los Yébenes, Retuerta. San Pablo y en la
zona central de la cordillera.
Los enfrentamientos con la Guardia Civil les
produjeron numerosas bajas. Esta partida secuestró
y degolló al farmacéutico de Ventas con Peña
Aguilera, que ocupaba la alcaldía de esta población.
Su jefe se fugó, a Francia,
en 1949.
Las últimas partidas de bandoleros de los Montes
de Toledo que sobrevivieron con muy pocos componentes
fueron las de el Cuquillo que operaba principalmente
en la Jara, a quien mataron en 1950 y la de
el Veneno, Francisco Blancas, que a principios
de los años cincuenta aún se le perseguía por
Los Yébenes. Conocemos su última acción por
el año 1953 en el término de Retuerta. Consiguió
fugarse a Francia.
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Fuentes:
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Revista
de Estudios Monteños, firmado por Don Ventura
Leblic García (académico numerario de la
Real Academia de Bellas Artes y Ciencias
Históricas de Toledo, Presidente de la Asociación
Cultural Montes de Toledo) y titulado: “De
los golfines al maquis”- Portal de los Montes
de Toledo
http://www.montesdetoledo.org
-
Internet
http://www.galeon.com/bandoleros/moraleda.html
-
Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Las_Navas_de_Tolosa
-
Otras
páginas en Internet.
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