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HERNANDO
DEL PULGAR
Hernando del
Pulgar (1436 - ? 1493)
fue un humanista e historiador
español. No debe ser confundido con
su contemporáneo Hernán Pérez del Pulgar.
Nació en Pulgar, pueblo de Toledo
(Nicolás Antonio, Bibliotheca Hispana
Nova (1783, t. I, p. 387):. Ferdinandus
del Pulgar, cognominatus ab oppido natali
(id est Pulgar) hujus appellationis
justa Toletum...) aunque
algunos se plantean una discusión:
el testimonio más antiguo, el de
Gonzalo Fernández de Oviedo, lo
tiene por nacido en Madrid (y era
hombre de gran memoria, que lo
conocía en persona). El bibliógrafo
Tomás Tamayo de Vargas, en el
prólogo a Diego García de Paredes y
relación breve de su tiempo (1621)
creía, fundándose en fray Francisco
de Santa María de Loja, que se
apellidaba en el mundo también
Pulgar, que Hernando del Pulgar
nació en Pulgar, cerca de Toledo,
tal vez por los años de 1430 o en
1435. De esta opinión es Nicolás
Antonio, pero Pedro Salazar
de Mendoza lo da como natural de
Toledo. El autor inglés William
Hickling Prescott también es
de la opinión de que nació en Pulgar
pues "en el estilo de escritura de
Hernando del Pulgar se
distinguen ciertos modismos que
pertenecen a aquélla tierra". Hay
que señalar que en Pulgar se han
encontrado algunas placas muy
antiguas de madera mal conservadas
con inscripciones aludiendo a
Hernando del Pulgar como originario
de Pulgar.
Quizás descendía de judíos
conversos, pues su padre era un
escribano de Toledo, Diego
Rodríguez, y este solía ser oficio
reservado entonces a los de tal
estirpe. Se educó en la corte de
Juan II de Castilla, y estuvo en la
de su sucesor Enrique IV, quien le
nombró secretario real, profesión en
la que continuó (1471) con su
hermana Isabel la Católica y a la
que agregó el cargo de consejero de
Estado. Fue embajador en Roma en
1473 ante Sixto IV y luego en París,
hacia donde marchó en 1475 para
comunicar a Luis XI la muerte de
Enrique IV; un tiempo después volvió
a París para concertar el matrimonio
entre el delfín Carlos y la princesa
Isabel, hija de los Reyes Católicos.
En ese mismo viaje realizó
negociaciones sobre los condados del
Rosellón y la Cerdaña. Vuelto a la
Corte, se le encomendó la educación
de varios nobles importantes:
Quatro
dellos crío (educo) ahora en mi
casa... e más de quarenta ommes
honrados e casados están en esa
tierra que crié y mostré (Letra XXX,
al Cardenal de España)
En
1479 se retiró de la Corte y de la
política a una finca con importantes
viñedos que poseía cerca de Madrid,
en Villaverde, pero en 1481 fue
llamado para ser nombrado cronista
real por los Reyes Católicos, cargo
que ejerció imitando a historiadores
latinos como Tito Livio.
Su 'Crónica de los señores Reyes
Católicos don Fernando y Doña Isabel',
que fue erróneamente atribuida en su
primera edición (1565) a Antonio de
Lebrija, es imprecisa y aduladora, pero
tiene valor porque entremezcla los hechos
con su experiencia personal. En la obra
'Claros Varones de Castilla'
(1486) retrata a los personajes más
importantes de la corte de Enrique IV.
También escribió unas
'Glosas a las
Coplas de Mingo Revulgo'. Sus cartas,
escritas a personajes eminentes del
periodo, son una de las pocas colecciones
epistolares romances del siglo XV y
fueron publicadas los años 1485-1486.
En favor de los marranos replicó al
cardenal y arzobispo de Toledo, y
obtuvo una indolente respuesta del
inquisidor general Tomás de
Torquemada y su gabinete. Su
valentía le costó ser degradado del
puesto de secretario real al de
cronista.
Es el historiador más importante del
Reino de los Reyes Católicos, el verdadero
cronista oficial de estos años. Participó
también en la vida política, siendo
secretario y embajador. En su
'Crónica'
se reflejan los hechos históricos que
se produjeron en su tiempo y de muchos
de los cuales fue testigo ocular. Su
obra más celebrada, sin embargo, es
'Claros Varones de Castilla',
impresa en Toledo en 1486, y que reúne
24 semblanzas de personajes influyentes
de las Cortes de Juan II y Enrique IV,
entre los que destacan los mismos reyes,
el marqués de Santillana, Rodrigo Manrique,
el duque de Alba, el arzobispo Carrillo,
el almirante don Fadrique, el duque
del Infantado, etc.
No
todos los retratos tienen el mismo valor
literario y psicológico, pero sí posee
un sentido muy moderno del análisis
de las personalidades, a las que procura
describir su mundo interno de creencias,
sentimientos y pasiones. Otros escritos
interesantes son sus
'Letras',
dirigidas a altos personajes de la corte,
en las que descuellan el humor, la agudeza
de ingenio, la perspicacia, y la severidad
y serenidad que tenían ciertos grandes
hombres de aquella corte y época.
(hispánica)

Actualmente es conocido también por
Fernando del
Pulgar
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GONZALO PAYO SUBIZA
Gonzalo Payo Subiza, ex
presidente de Castilla-La Mancha,
nació en Pulgar (Toledo) el 10 de
enero de 1931 y falleció en Toledo
el 13 de agosto de 2002
Fue presidente de la Junta de
Comunidades de Castilla-La Mancha un
año antes de que José Bono ganara
sus primeras elecciones. Pero la
vida de Gonzalo Payo Subiza no se
ceñía a la actividad política: fue
un reputado investigador y un
literato a tiempo parcial, actividad
con la que ganó diversos premios y a
la que dedicó cientos de horas
perdidas.
Gonzalo Payo falleció en Toledo a la
edad de 71 años a causa de una larga
enfermedad que desde hacía un tiempo
lo mantenía alejado de la vida
pública. En esos momentos era
diputado del Partido Popular en el
Parlamento regional.
Había nacido en la localidad de
Pulgar, en la provincia de Toledo,
el 10 de enero de 1931. Cursó
estudios de Topografía y se licenció
también en Matemáticas por la
Universidad de Zaragoza. En el año
1964, consiguió el título de doctor
ingeniero geógrafo y en esa misma
fecha fue nombrado director del
Observatorio Geofísico central de
Toledo con motivo de sus trabajos de
investigación, especialmente en la
rama de Sismología y Física interior
de la tierra.
En 1977 comenzó su vida política
presentándose a las elecciones
generales celebradas el 15 de junio
de ese año. Resultó elegido Diputado
de la Unión de Centro Democrático
por Toledo.
Recién comenzada la democracia, fue
concejal del Ayuntamiento de Toledo,
poco después presidente de la
Diputación de la misma provincia y
consejero ejecutivo de la región.
Como miembro de la Unión de Centro
Democrático, en septiembre de 1979
ocupó la presidencia provincial del
partido en Toledo. En enero de ese
mismo año, fue designado candidato a
la Presidencia de la Junta de
Comunidades y, finalmente, el 1 de
febrero de 1982 fue elegido
presidente de la Junta de
Comunidades de Castilla La Mancha
con 32 de los 35 votos emitidos en
sustitución del senador Antonio
Fernández Galiano. Permaneció en el
cargo hasta finales de 1982, momento
en el que dimitió para reintegrarse
como ingeniero jefe del Observatorio
Geofísico de Toledo.
A lo largo de su carrera científica,
Gonzalo Payo Subiza ha publicado más
de 60 trabajos de investigación
presentados en numerosos congresos
nacionales e internacionales. Su
otra gran pasión fue la literatura.
Logró publicar tres libros de
poesía. En 1984, escribió una novela
que quedó finalista del Premio
Ateneo de Sevilla y en 1987 publicó
su segunda obra titulada 'La escala
de Ritcher'.
Era miembro de la Asociación
nacional de Ingeniería Sísmica, de
la Comisión Nacional de Geodesia y
Geofísica, de la American
Geophysical Union y de la
Seismological American Society.
Estaba casado con Pilar Yubero y
tenía cuatro hijos. El 31 de mayo de
2002, su hijo recogió en su nombre
la Medalla de Oro de Castilla-La
Mancha que le otorgó el Gobierno de
José Bono coincidiendo con el Día de
la Región.
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VENANCIO
PAYO MEDINA
Esta es la
historia sobre el nombramiento de «Hijo
adoptivo» concedido a D. Venancio Payo
en el año 1927,
y el motivo de ponerle su nombre a una
calle en la localidad de Miguelturra,
en Ciudad
Real.

En los festejos taurinos celebrados
en la localidad de Miguelturra
(Ciudad Real) en el
año 1927, parece que había actuado de
asesor taurino un señor llamado Venancio
Payo, de Pulgar (Toledo) persona y familia
que por entonces se encontraban en el
pueblo, porque se les había concedido
el noble titulo de «Hijos Adoptivos»
de la localidad, y el titulo se les
había concedido por ayudas humanitarias
y desinteresadas recibidas por las autoridades
de Miguelturra.
Para ponernos en situación se debe
señalar que la carretera que une Miguelturra
con Ciudad Real por aquel entonces
era un camino, y estaba casi siempre
en estado absolutamente intransitable.
Ese estado deplorable de la vía de comunicación
no era nuevo, pues el Ayuntamiento a
comienzos del año 1918 acuerda que la
piedra que hay en los márgenes de la
carretera que desde esta villa conduce
a C. Real, sea marrada y extendida en
vista del mal estado en que se encontraba.
Como es lógico suponer, los vehículos
que más transitarían serían carros,
tartanas, galeras y ese tipo de vehículos
que estaban equipados con ruedas o llantas
metálicas, lo que propiciaría sin duda,
que cada vez estuviera en peores condiciones,
por lo que el Ayuntamiento a comienzos
del año 1927 acuerda enviar a Madrid
una comisión compuesta por D. Aurelio
Gómez, D. Ramón Ramos, D. Eufemio Trujillo,
D. Antonio Serrano, D. Joaquín Tercero
y D. Exuperio Muñoz, con la intención
de entrevistarse con el Ministro de
Fomento, que por entonces era Don Rafael
Benjumea y Burin, Conde de Guadalhorce,
y parece que estaba previsto que fueran
acompañados a modo de introductor, por
Don Cirilo del Río, que era Diputado
en Cortes por la provincia. La cuestión
a plantear al Ministro, no era otra
que dado el gran aumento en el tráfico,
con mayor peso y velocidad en los vehículos,
se hacia necesaria la construcción de
una carretera que uniera Miguelturra
con la vecina Ciudad Real con suficiente
capacidad para absorber esa mayor densidad
de tráfico.
Para llevar a cabo lo encomendado, acordaron
viajar en el coche Ford de pedales del
Alcalde D. Francisco Trujillo (esa es
la forma como se conocía ese modelo
de coche). A la hora de plantear el
viaje, acuerdan llevarlo a cabo dando
un rodeo con el fin de evitar el entonces
temido puerto de Yébenes. Piensen en
los frenos y en las medidas de seguridad
de los vehículos de la época a que nos
estamos refiriendo. Al llegar a las
proximidades de Pulgar en la provincia
de Toledo, en una doble curva y sin
señalizar como era la norma habitual
entonces, el coche se despeñó por un
barranco, resultado todos los ocupantes
heridos, dos de ellos de gravedad. Dado
el alcance e importancia del accidente,
del que dio aviso un pastor testigo
presencial, acudieron numerosas personas
de Pulgar con intención de ayudar, y
entre todos ellos el Médico del lugar
Don Venancio Payo Medina que inmediatamente
se hizo cargo de los heridos y procedió
sin dilación a las curas de urgencia
como el caso requería. Quizás sea oportuno
recordar que por aquellos entonces,
el único lugar y medio de curación que
existía en los pueblos era el Médico
que tenía que hacer de todo, por lo
que el citado Don Venancio ante la grave
situación, no dudo un momento en atenderlos
de forma adecuada, e inmediatamente
montó un pequeño Hospital en su propio
domicilio para seguir de cerca la evolución
de los accidentados hasta la total sanación,
y hasta que no curaron y estuvieron
en condiciones de poder regresar a sus
respectivos domicilios, no les dio el
alta, que en este caso concreto pudiéramos
denominar como domiciliario-hospitalaria.
En un autentico gesto de hidalguía y
generosidad, Don Venancio Payo no quiso
cobrar absolutamente nada por los gastos
que hoy podríamos considerar como hospitalarios,
ni por los diversos medicamentos administrados,
ni tampoco por la necesaria manutención
durante los numerosos días que tuvieron
que permanecer obligatoriamente en su
domicilio, incluso atendieron en todo
cuanto fue preciso a cuantos familiares
y amigos llegaron a Pulgar para visitar
a los heridos. Como consecuencia de
ese altruista y desinteresado gesto,
se creó en principio un clima de lógico
agradecimiento hacia Don Venancio y
su familia, que con el paso de los días
desembocó en una corriente de simpatía
y afecto mutuo entre las respectivas
familias, que no tuvo más remedio que
terminar por transformarse en amplia
y sincera amistad.
Un acto tan humanitario tenia que tener
una respuesta al mismo o similar nivel,
no podía ser de otra manera. Por consiguiente,
una vez debidamente repuestos del accidente
y reincorporados a sus respectivos trabajos
y responsabilidades,
en febrero de
1927 y a propuesta del Alcalde,
se procede al
nombramiento de «Hijos Adoptivos» de
este pueblo, a Don Venancio Payo Medina,
a su esposa Consuelo Otaola y a sus
hijos Darío, Adela, Eloisa, María,
Asterio y Luis Payo Otaola
(1), pues sin duda ellos en
esas especiales circunstancias, de una
u otra manera, también tendrían que
colaborar de forma activa. Como es lógico,
se les comunica el nombramiento, y para
recoger la distinción, se invita a la
familia aprovechando los días de feria
a conocer el pueblo y por supuesto a
la Virgen de Miguelturra, estrechándose
aún más si cabe esos lazos de mutuo
afecto.
Al hilo de la cuestión, decir que fruto
de esos lazos de amistad y simpatía
que se crearon entre la familia de D.
Venancio y un buen numero de familias
de Miguelturra, Eloisa una de las hijas,
se enamoró y posteriormente casó con
el miguelturreño José Blanco Mohino,
fruto de cuyo matrimonio nacieron Ana,
José Luis, Gonzalo, Consuelo y Eloisa.
Una de ellas en concreto Ana, sería
Maestra y durante algún tiempo ejerció
en Miguelturra, en la actualidad está
jubilada. Todos ellos viven en Ciudad
Real, excepto Gonzalo que reside en
Madrid, y claro está, son nietos de
D. Venancio Payo.
En el recuerdo de todos se debía conservar
aún fresco el excepcional tratamiento
recibido en Pulgar por parte del Doctor
Payo durante aquellos fatídicos días,
lo que sin duda motivó que les pareciera
poco, y quizás por ese motivo, tomaran
también el acuerdo de ponerle su nombre
a una calle, y la elegida para tal fin
fue la céntrica calle Iglesia, que como
consecuencia de esa decisión consistorial,
cambio su nombre por el de Don Venancio
Payo, nombre que mantuvo durante varios
años; después cambiaría varias veces
de nominación siendo en la actualidad
la que lleva el nombre de Don Miguel
Astilleros.
Ya para terminar, solo me queda decir
que gran parte de los datos utilizados,
los facilitó a Federico Valero (autor
de este artículo) en vida Victoriano
Rivas, (q.e.p.d), a quien tuvo
la ocasión de agradecérselo, habiendo
sido complementados, aportada foto,
y concedida autorización para su publicación,
por parte de José Luis Blanco, nieto
de D. Venancio, persona de trato agradable
y afectuoso, a quien sinceramente le
da las gracias por ello.
Fdo. Federico Valero
Testimonio de otro de sus nietos vivos
que, como curiosidad, tiene igual nombre
y apellidos: Venancio Payo
Medina, con 88 años y residente en
Pulgar fue testigo presencial a la
edad de cinco
años, complementando la historia:

"....Como muchachos que éramos
fuimos corriendo a la curva que se
llama 'La Alcantarilla' (donde el
tío Marcial), y allí estaba volcado
un coche descapotable. Venían de
Ciudad Real desde Cuerva en
dirección a Toledo para asistir a
los toros de la feria antes de
seguir camino hacia Madrid. No se
sabe si el accidente fue por la
velocidad o por 'la ignorancia',
pero el caso es que lo vió un
pastor, el tío Rufo, que fue quien
avisó al pueblo. Entonces fue el
abuelo Venancio quien 'los recogió'
y se hizo cargo de ellos. Creo que
era el alcalde, un hombre muy alto,
el que tenía partida la nariz con
cristales metidos dentro. El
coche lo trajeron al pueblo
remolcado por una yunta de vacas y
lo metieron donde vive 'La Prudi'
que había un patio que era de la tía
Grinda.
Ya cuando pasó todo y se curaron en
su casa, como 'recompensa' de la
atención que tuvo abuelo se llevaron
a la tía Adela y a la tía Eloisa a
pasar unos días con ellos en su
pueblo de Miguelturra. Allí fue
donde la tía Eloisa se enamoró del
tío Blanco, y se casó con ella
....."
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